
Un profesor en la vieja prepa Hispano alguna vez comentó, de manera cruda pero acertada: “La muerte no le duele a quien se va, sino a quienes nos quedamos”. Recuerdo hace casi 10 años que murió mi abuela el momento justo en que nos informaron y ver por primera vez a mi padre derrumbarse completamente ante mi. Aquella imagen de hombre duro y fuerte se desmoronó en un instante, y me juré que cuando inevitablemente volviera a pasar yo haría lo posible por ser fuerte para mi madre.
Hace casi dos meses mi abuelo cayó de emergencia en un hospital. El hombre de 91 años llegó por una infección en el estómago y cada vez se puso peor, con infinidad de afecciones llegando casi cada hora lo cual prolongó su agonía… pulmones, riñones, corazón, cerebro…. todo, todo se le vino abajo. 5 semanas completas de intenso dolor, sin poder hacer nada mas que esperar.
Sin entrar en detalles, sólo diré que ser fuerte durante tanto tiempo para dar ánimos a la familia no es precisamente lo más inteligente que he hecho en la vida (aunque ciertamente no me arrepiento y fue lo correcto para todos, menos para mi). Pero al final de cuentas, estas últimas semanas he vivido y aprendido más cosas de las que quizá aprendí en los últimos 10 años… entre lo laboral, familiar y sentimental, creo que la madurez se va adquiriendo por estas experiencias y asi uno va creando su propio camino.
Asi la cosa, en estos ultimos dos meses me perdí de mucho (incluido el mundial). Me siento diferente, y creo que ya entiendo cosas que antes no entendía. Todo esto es para decir… muchas gracias por este nuevo enfoque abuelo. Te quiero mucho.
Ahora ya no sufres, ahora ya descansas en paz. Por fin.










